Jornada Solidaria en el Cottolengo Don Orione
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El sábado 22 de agosto vivimos una nueva jornada, profundamente especial en el Cottolengo Don Orione de Los Polvorines, donde compartimos un día lleno de solidaridad, alegría, servicio y mucho amor.

La jornada contó con la participación de Caballeros y Damas de la Orden y como así también voluntarios del Colegio San Ambrosio que siguen demostrando su compromiso y cercania en valores a la Orden, quienes se sumaron con enorme entusiasmo para acompañar a las residentes del Hogar y colaborar en distintas tareas de acondicionamiento del establecimiento.
Durante la mañana compartimos con las internas un hermoso espacio recreativo con actividades de dibujo y pintura, música, baile, maquillaje, pintura de uñas y peinados. Ver sus sonrisas, escuchar sus canciones y compartir abrazos, miradas y conversaciones fue, sin dudas, uno de los momentos más emotivos del día.
También llevamos adelante distintas tareas para embellecer y acondicionar el Hogar. Con mucho trabajo, esfuerzo y dedicación, pintamos y pusimos en valor la imagen de la Virgen ubicada en la entrada del lugar. Asimismo, acondicionamos y pintamos la campana de la cocina.

Compartimos el almuerzo en comunidad con las residentes, las voluntarias y el personal, disfrutando de un hermoso momento de encuentro, conversación y compañerismo.
La jornada nos regaló, además, un momento muy especial: celebramos el cumpleaños de un hermano de nuestra Orden junto a las chicas del Hogar. Entre canciones, aplausos, torta y mucha alegría, compartimos un festejo sencillo, pero lleno de emoción y cariño.
Pero, más allá de todo lo que hicimos, lo más importante y lo más lindo fue todo lo que vivimos junto a las residentes y todo el amor y cariño que ellas nos brindaron.

Fue una jornada profundamente emotiva, de esas que nos recuerdan que un gesto de cariño, una sonrisa, una palabra, un abrazo o, simplemente, estar presentes puede significar muchísimo para otra persona.
Nos volvimos con el corazón lleno, agradecidos por cada sonrisa, cada abrazo y cada momento compartido. Porque fuimos con la intención de dar, pero, una vez más, fueron ellas, las chicas del Hogar, quienes nos enseñaron cuánto podemos recibir cuando nos abrimos al encuentro con el otro.

Y nos dejaron una enseñanza sencilla, enorme y poderosa:
“AVE MARÍA Y ADELANTE”



