Cuatro años acompañando el camino a Luján
Una vez más, Caballeros y Damas de OSMTH Argentina, junto a un enorme grupo de voluntarios, dijimos presente en la Peregrinación a Luján.
Por cuarto año consecutivo instalamos nuestro Puesto de Apoyo para acompañar a quienes recorren los casi 60 kilómetros de esta tradicional peregrinación hasta la Basílica de Nuestra Señora de Luján.
Este año el desafío comenzó bajo una intensa lluvia, que desde las primeras horas del sábado hizo todavía más exigente el camino. A pesar del clima, miles de personas continuaron avanzando hacia Luján en una jornada que tuvo, además, una convocatoria especialmente multitudinaria.
Y allí estuvimos.

Desde nuestro puesto, ubicado a menos de 5 kilómetros de la Basílica, recibimos a los peregrinos cuando el cansancio de tantas horas de caminata ya comenzaba a sentirse con fuerza. Agua, mate cocido, caldo caliente, dulces y galletitas ayudaron a recuperar energías para afrontar el último tramo.
Pero muchas veces lo más importante fue algo mucho más sencillo: una palabra de aliento, una sonrisa y ese “¡vamos, falta poquito!” que podía ayudar a dar un paso más.
Durante toda la jornada, Caballeros, Damas y voluntarios trabajamos juntos preparando y entregando alimentos y bebidas, asistiendo a quienes se acercaban al puesto y acompañando el paso constante de peregrinos. Una tarea sencilla en apariencia, pero que requiere muchas horas de preparación, organización y, sobre todo, personas dispuestas a ponerse al servicio de los demás.
También fue una nueva oportunidad para compartir nuestro espíritu de servicio con quienes, sin pertenecer formalmente a la Orden, eligieron sumarse como voluntarios. Año tras año, su presencia se convierte en una parte fundamental de esta misión y demuestra que para ayudar no hacen falta títulos ni distinciones: alcanza con la voluntad de estar presentes cuando alguien lo necesita.

Para nosotros, además, este servicio tiene un significado muy especial.
Siglos atrás, los primeros templarios protegían y asistían a los peregrinos que emprendían el largo y peligroso camino hacia Tierra Santa y Jerusalén. Hoy los tiempos, los caminos y las distancias son otros, pero aquel espíritu de servicio continúa teniendo sentido.
No llevamos espada ni custodiamos antiguos caminos. Servimos agua. Preparamos algo caliente. Acompañamos al cansado. Damos ánimo a quien siente que ya no puede más.
Porque entendemos que mantener vivo el legado templario no significa solamente recordar nuestra historia y nuestros símbolos. Significa encontrar en nuestro tiempo nuevas formas de ponerlos en práctica, transformando los valores de servicio, fraternidad y compromiso en acciones concretas.
Después de largas horas de lluvia, trabajo y cansancio, la mañana del domingo marcó el final de una nueva Peregrinación y también de nuestro cuarto año consecutivo acompañando este camino.
Terminamos agotados, pero con el corazón lleno y con la certeza de haber cumplido, una vez más, nuestra misión:
estar al servicio de quien transita el camino.



